Han pasado dos décadas desde que Jack Dorsey inauguró una revolución digital con un breve post sobre la creación de su Twitter el 21 de marzo de 2006. Ese mensaje inicial lanzó la plataforma ahora conocida como X, que actualmente opera como una subsidiaria de xAI y SpaceX bajo el liderazgo de Elon Musk. A pesar del cambio de marca y la integración en el imperio aeroespacial de Musk, la compañía sigue envuelta en desafíos legales derivados de la adquisición original.
La agitación interna definió la era reciente de la empresa, ya que los despidos masivos precedieron al controvertido lanzamiento del chatbot Grok. El asistente de IA generó duras críticas por identificarse como MechaHitler y por su papel en la proliferación de contenido explícito deepfake que involucra a mujeres y niños. Estos escándalos han creado una apertura para los competidores, con datos de mercado recientes que indican que Meta’s Threads ha superado a X en usuarios móviles diarios.
Si bien la plataforma mantiene una presencia significativa entre los expertos de la industria tecnológica, se ve cada vez más eclipsada por la escala masiva de Instagram y TikTok. La volatilidad financiera de la marca quizás quede mejor ilustrada por el destino del primer tweet de Dorsey. Después de venderse por 2,9 millones de dólares como NFT, el activo digital ha visto colapsar su valor de mercado, dejando al actual propietario incapaz de encontrar un comprador.







